Paz y Breton, un encuentro surrealista

Guadalupe Nettel

 

 

 

 

 

Version en français

Diego Rivera
Yo era el mediodia tatuado y la medianoche desnuda, el pequeño insecto de jade que canta entre las yerbas del amanecer y el zenzontle de barro que convoca a los muertos.
Octavio Paz, "Mariposa de Obsidiana"

 

Hay en el surrealismo un interés profundo por la magia, el conocimiento esotérico y lo maravilloso. No se trataba únicamente de una curiosidad intelectual o estética, sino de una verdadera búsqueda existencial, un compromiso que dio origen a libros como Nadja o Arcano 14. La obra de Bretón está llena de pistas sobre su concepción mágica del universo y la relación que el hombre tiene con él, un vínculo estrecho, de mutua atracción como el que existe entre dos objetos imantados. Como Paz recuerda en su texto principal sobre el movimiento, Estrella de tres puntas: el surrealismo, Breton creía también en la existencia de poderes que el hombre ignora o ha perdido pero que puede recuperar por medio del deseo, el amor y la imaginación. El poeta, un ser más abierto y receptivo que el común de los mortales, se situaría en el cruce de caminos entre lo tangible y lo sobrenatural. Gracias a su sensibilidad y a un uso alquimista del lenguaje, sería capaz de traducir esos movimientos de energía, ese diálogo entre las fuerzas del mundo visible e invisible. Es de imaginar que ideas tan extravagantes no hayan sido accesibles para toda la gente, ni siquiera para todos los poetas. Según algunos, eran incluso razones suficientes para desacreditar al movimiento. Sin embargo, la tendencia esotérica del surrealismo nunca constituyó un impedimento para Octavio Paz. Es más, en la correspondencia de Octavio Paz hay una carta en donde el poeta mexicano le promete a Breton un texto sobre los oráculos mayas citados en su poema "Piedra de sol" y otra, fechada de unas semanas más tarde, que contiene el texto maya traducido al francés por el propio Paz. La carta muestra que ambos escritores discutían de temas esotéricos. De hecho resulta difícil imaginar de otra manera una amistad con Breton.

México es un país ajeno a las leyes de la razón. Esa característica nacional no sólo explica la atracción que Breton sentía por México sino también el hecho de que Paz, en vez de sentir extrañeza ante la peculiar versión del mundo que tenía el jefe surrealista, haya podido escuchar con una curiosidad natural sus discursos y teorías. La desconfianza hacia la supremacía de la razón es un punto capital para el surrealismo con el que Paz coincidió siempre. La razón y en particular la lógica que Bretón llamaba "la más odiosa de las prisiones" representaban para ambos poetas, obstáculos a la creatividad.

Que se sepa, el escritor mexicano nunca participó en los círculos esotéricos ni en las reuniones ocultistas frecuentadas por los miembros del movimiento, sin embargo en algunos de los textos de Águila o Sol (1951), su libro más apegado al canon surrealista, aparecen laboratorios de alquimia y noches de tormenta en que las palabras surgen como espíritus para hostigar al poeta insomne. Tanto la inspiración poética como el poder demiúrgico del lenguaje son temas fundamentales en este libro.

Entre los conceptos surrealistas que interesaron a Paz está el de "azar objetivo", que Breton explica en Nadja. Se trata del conjunto de fenómenos que ponen de manifiesto la intrusión de lo maravilloso en la vida cotidiana, es decir, la serie de "coincidencias" y "accidentes" que determinan nuestra vida con toda la fuerza del destino. No son hechos circunstanciales como podría pensarse, sino episodios de nuestra vida dictados por una ley superior que se nos escapa: "el mundo casi prohibido de los acercamientos repentinos, las coincidencias que nos dejan petrificados…relámpagos que nos harían ver, pero ver, sino fueran unos más rápidos que otros…se trata de hechos que pertenecen al orden de la constatación pura, pero que siempre tienen la apariencia de una señal.

Cuando Breton subraya con cursivas la palabra ver marca un contraste entre la visión cotidiana y la visión del mundo tal y como es en realidad. Otro concepto importante es el de "señal". Según este punto de vista, el hombre debe esperar con disposición receptiva, como hace el amante de Nadja, esa señal, ese llamado de lo desconocido. Seguir el llamado, dice Octavio Paz, es "partir a la reconquista de los poderes infantiles. Esos poderes -más grandes quizás que los de nuestra ciencia orgullosa- viven intactos en nosotros".

Sin embargo, esta manera de interpretar el mundo plantea una pregunta central para el autor de Libertad bajo palabra: ¿Qué margen de libertad le queda al hombre en esta red de correspondencias y diálogos en que el azar esconde los designios de una ley suprema? Paz intenta responder en Estrella de tres puntas: el surrealismo, proponiendo al amor como ejemplo de encarnación del azar objetivo.

…ninguno de nosotros podría afirmar con entera certeza si ese encuentro (amoroso) fue fortuito y necesario. Los más diríamos que, si fue fortuito, tenía toda la fuerza inexorable de la necesidad; y, si fue necesario, poseía la deliciosa indeterminación de lo fortuito. El azar objetivo es una forma paradójica de la necesidad, la forma por excelencia del amor: conjunción de la doble soberanía de libertad y destino. El amor nos revela la forma más alta de la libertad: libre elección de la necesidad."

Para Octavio Paz el encuentro con Breton es un ejemplo del más puro azar objetivo. Fue al final de la guerra, cuando recién llegado a París lo invita Benjamin Péret a participar en las reuniones del grupo celebradas en un café de la place Blanche. Desde el principio, Octavio Paz experimenta una verdadera fascinación por este hombre, veterano ya, que dirige con dignidad, aunque sin el mismo brío de antes, el movimiento surrealista : "Para mí fue un encuentro, en el sentido que daba Breton a esta palabra: predestinación y, asimismo, elección." Así pues, el André Breton que conoció Paz no era ya el poeta caprichoso que inició el movimiento, sino un hombre maduro, con frecuencia silencioso, con el que dice haber mantenido durante muchos años un diálogo imaginario. Si miramos retrospectivamente la manera en que el viejo Paz constituyó su propio grupo, no resulta difícil encontrar las huellas que el ejemplo del poeta surrealista dejó en su persona : la misma generosidad y afección por sus allegados, la misma furia implacable hacia sus opositores. En "André Breton o la búsqueda del comienzo", Paz recuerda que él, tanto como su amigos, temía desatar la ira del escritor francés cuyas reacciones ignoraban, como es de esperar, los límites de la razón.

La imagen del hombre en metamorfosis , atraía particularmente al autor de Águila o sol. Los poemas en prosa recogidos en ese libro remiten a veces a los personajes de Lautréamont que se transforman en árboles y de cuyas bocas surgen toda clase de insectos y animales roedores. Hay también diálogos con el otro yo, ese yo enemigo que nos habita y nos coarta la libertad. Recordando a Nerval que escribió en los márgenes de un retrato suyo "Yo soy el otro" o el famoso verso de Rimbaud "yo soy otro", Paz escribe:

"Lo que distingue al hombre no es tanto el lenguaje como la posibilidad de ser "otro"(…) Esta posibilidad no se realiza más que si, en efecto, salimos de nosotros mismos con el fin de ir hacia "lo otro" y perdernos en él. Ahí, en pleno salto, el hombre suspendido en el absimo entre esto y aquello, en un instante se vuelve esto y aquello, lo que fue y lo que será, en un serse que es un pleno ser, una plenitud presente. El hombre es todo lo que quiso ser: roca, mujer, pájaro, todos los otros hombres y todos los otros seres."

Resulta curiosa la manera en que Octavio Paz, al plantearse las mismas preguntas que Breton, omite las descripciones de lo maravilloso, y se refiere a él sólo de manera tangencial. Se diría que este escritor latinoamericano, venido de un mundo donde lo mágico tiene una presencia cotidiana, particularmente en la literatura, busca más la sobriedad de imágenes que el poeta francés. Mientras uno admiraba en el otro el exotismo mexicano y su absurdo cotidiano, la magia de los oráculos mayas, las piedras de sol que alumbraban su imaginario, Paz sube por las ramas del surrealismo en busca de Nerval y Lautréamont, del deseo como liberación representado en la obra de Sade, para renovarse en esa otra tradición, en esa otra magia. Es probable que bajo el efecto de una luna "objetiva" Paz se haya convertido por un instante interminable en Breton y Breton en una mariposa de obsidiana, extraviada en el París de la postguerra.