21 Gramos de Alejandro González Iñárritu
Sebastián Sepúlveda

 

 

 

 

 

Tres sujetos de medios sociales distintos que conviven en una ciudad norteamericana son el punto de partida de 21 Gramos. El film narra las historias de Jack (Benicio del Toro) un ex convicto reconvertido a la devoción de Jesucristo, Christina (Naomi Watts), una ex drogadicta ahora esposa agradecida y madre de dos hijas, y Paul (Sean Penn), un hombre agonizante que espera un transplante de corazón. Estos tres disímiles personajes verán sus destinos unidos en torno a un dramático accidente.

El director mexicano Alejandro González Iñárritu parte de bases similares a las de su opera prima, Amores Perros: un accidente que une tres historias en una ciudad. Junto a su guionista, Guillermo Arriaga, González Iñárritu corrobora con este segundo film el talento y la mirada original mostrada en Amores Perros. Esta nueva cinta, producida en Estados Unidos, presenta, sin embargo, algunos desaciertos en su narración.

21 Gramos es, según el narrador, el peso que el cuerpo pierde al momento preciso de la muerte. Este sería entonces el peso del alma. El título es claro en los temas que aborda la cinta : la muerte, el duelo, y sobre todo la culpa que la muerte despierta en todos estos personajes. Paul, Christina y Jack, intentan construir sus vidas a pesar de un destino que remueve sus existencias, como una serie de maremotos sucesivos. 21 Gramos es un film sumamente católico que expone almas en culpa, perdidas, en busca de una redención.

Formado en publicidad, Alejandro González Iñarritu se destaca a nivel del tratamiento formal. En el desarrollo de temas tan ambiciosos como la muerte, el duelo y la culpa, el director opta por un tratamiento impresionista: cámara en mano constante, grano grueso del celuloide, alto contraste con negros profundos, luces y ventanas "quemadas". Mediante este trabajo con la luz, y una estructura fragmentada de la historia, González Iñarritu nos da a entender que la complejidad de la vida no puede ser contada cabalmente. El director intenta captar fragmentos de esta realidad y de lanzarlos, en una forma aparentemente caótica, sobre un lienzo -lienzo cinematográfico que se enmarca ante todo en el tiempo- para después, una vez terminado el relato, tratar de darle un sentido.

Este film se aleja del relato lineal clásico. Desde un inicio se entremezclan la exposición del conflicto, su desarrollo y el clímax, en un montaje que desorganiza -como en un rompecabezas- estas tres historias hasta el final. La fragmentación dificulta la participación en la trama del espectador, ocupado en hilar en su cabeza la historia de manera cronológica, para poder entenderla. Vivir e identificarse con los conflictos humanos que sufren los personajes es uno de los requisitos básicos de la narración y en este caso, del drama cinematográfico. El resultado en 21 Gramos es que el espectador permanece en buena medida externo al relato y a las emociones que viven los personajes. Una distancia probablemente no deseada, en una narración donde ellos ahondan en un fuerte nivel de pathos.

Alejandro González Iñarritu viene a sumarse a la larga lista de directores extranjeros en Estados Unidos, como Lang, Hitchcock, Wilder, Wenders, que emprenden la difícil tarea de narrar en un lugar que no es el suyo. En Amores Perros uno de los aciertos más evidentes era la verosimilitud en las relaciones entre los personajes, enmarcadas en una Ciudad de México que el director conoce bien. 21 Gramos, mas allá de su claro logro estético y originalidad formal, deja un cierto sabor artificial en el desarrollo de la historia y en la relación entre personajes. Quizas esto puede deberse a la mirada aún extranjera que el director tiene sobre la sociedad estadounidense.