Peaux d´anges
Exposición fotográfica de Alejandra Figueroa
Vesta Mónica Herrerías

 

Louis-Jacques-Mandé Daguèrre no sólo fue el primero en fijar las imágenes de manera permanente (1835), sino que también fue el primero en lograr la imagen fotográfica de una figura humana. A partir de ese momento, la fotografía no ha cesado de evolucionar aún cuando la base científica es la misma: la cámara obscura. Científicos y artistas, fascinados con la idea de perpetuar la imagen se dedicaron a esta labor, entre ellos el francés Hippolyte Bayard, uno de los fotógrafos más versátiles del siglo XIX y a quien poco se le recuerda, a pesar de ser el autor de una de las primeras fotografías de desnudo masculino (muy polémica por la composición y su significado) cuyo modelo es él mismo. Desde los comienzos de la fotografía, el cuerpo humano fue uno de los temas recurrentes. En 1854, el pintor Eugène Delacroix y el fotógrafo amateur Eugène Durieu trabajaron juntos en la realización de una serie de fotografías de desnudos. Delacroix dirigía la escena, mientras que Durieu se encargaba del manejo de la cámara. Estas imágenes, con una joven modelo anónima, sorprenden por su belleza, naturalidad, composición e iluminación.

Si bien en sus inicios, la fotografía tuvo la finalidad de calcar la realidad a manera de testimonio para eternizarla en la memoria, hoy día es evidente que las funciones de la fotografía son tantas y tan variadas como la cantidad de fotógrafos y aficionados. El caso de Alejandra Figueroa es muy particular. Hace varios años dejo su país natal -México- para perfeccionar sus conocimientos de fotografía en París. Por ellos realizó un Stage de impresión en el Laboratoire Imaginaire con Jean-Yves Bregand y Didier Léger (1994-1997). No sólo sorprende la temática en la que se ha especializado sino los resultados que ha obtenido. Es fácil constatar que no son muchos los fotógrafos que han centrado su atención en la escultura, probablemente por la dificultad que esto implica desde el principio debido a los obstáculos técnicos que hay que sortear, ya que en su gran mayoría las esculturas no pueden transportarse o incluso tocarse. Además de estos inconvenientes, está el de encontrar un encuadre, un punto de vista original y sugerente. Alejandra Figueroa, como se podrá ver en su próxima exposición fotográfica sobre esculturas novohispánicas -mismas que forman parte de la colección del Museo Nacional del Virreinato de la Ciudad de México-, no sólo tiene la habilidad para descubrir encuadres reveladores y para darle vida a esculturas de marfil, madera policromada o estofada, sino que nos muestra un universo semejante al de Georges Bataille, donde los territorios de lo sagrado y lo erótico se confunden.

El universo de contrastes en blanco y negro de Alejandra Figueroa puede entenderse al menos de dos formas aparentemente contrarias: una apegada a la religiosidad y a lo místico, y otra a la sensualidad y al erotismo. Al descontextualizar y fragmentar con un encuadre la escultura, Alejandra Figueroa logra desacralizar lo sagrado: humaniza la mirada, o las manos de un santo para mostrar un cuerpo erotizado o unos ojos cuyo brillo es más de placer que de dolor.

La movilidad y la vitalidad naturales que los cuerpos de piedra o de madera adquieren a través de su lente son otras de las virtudes que podemos encontrar en la obra de esta joven fotógrafa que nos enseña otras formas sorprendentes de mirar y de acercarnos a la realidad de los objetos y sus formas.

Peaux d´Anges
de Alejandra Figueroa

Eglise Saint-Eustache, Place du jour, Paris (75001)
Ouvert tous les jour de 9 h à 12: 45 et de 14:30 à19 h.
Entrée libre.