La polémica sobre la poesía sonora en Francia

Bernardo Bolaños

 

 

 

Version en français

Foto: Mauricio Guillen

 

El número 396 del Magazine littéraire (marzo del 2001), revista francesa con un tiraje de 30,000 ejemplares, es un especial sobre "la nueva poesía francesa". Se trata de describir un supuesto acontecimiento mayor en la poesía de este país. El organizador de ese número es el poeta Jean-Michel Espitallier, , inventor del motor de explosiones quimico-poéticas, fundador de la revista Java y quien como poeta utiliza viejos manuales técnicos y escolares que altera para formar cadencias y juegos rítmicos. De manera paradójica, este número del Magazine littéraire no ofrece ningún ejemplo que permita a los lectores degustar las piezas del movimiento, ningún texto que ilustre ostensivamente este "nuevo modo de hacer poesía". La revista ofrece los perfiles de los poetas representantes, así como justificaciones interminables sobre su calidad e originalidad, y algunas coordenadas para acudir a los recitales y encontrar los poemarios y antologías. Pero ningún fragmento de las obras de los autores seleccionados. Una de las explicaciones de esta ausencia de poemas es el hecho de que el dossier trate, en la mayoría de los casos, de la llamada "poesía sonora", de la "poesía acción", de la "poesía-performance", esas formas poéticas que estarían más allá de las hojas de papel comunes y corrientes. Más allá de la tiranía de lo escrito. Se trata de la poesía que usa instrumentos electro-acústicos, gestos, montajes o, a veces, el valor circense de los autores (como cuando éstos se meten un micrófono en la garganta para enseguida decir los poemas). En algunos casos se trata de fórmulas que tratan de adaptarse a la industria editorial: Bernard Heidsieck, premio nacional de poesía 1991, combina la edición de sus libros con la de discos compactos con el objetivo de "ir más allá del círculo de iniciados" (y no podemos asegurar que lo haya logrado). Pero es más frecuente que los autores estén lejos del mercado tradicional: Anne-James Chaton lee sus textos acompañándolos de bucles sonoros compuestos, según su propia descripción, "en un micro Aiwa STEREO CONDENSER MICROPHONE CM-S32 y gracias a un programa Cubase VST 4.0 MAC STEINBERG". Esta última descripción, por cierto, casi sirve para ilustrar la técnica poética de Chaton por medio de "eventos". Veamos (o escuchemos) un fragmento del poema "miércoles 5 de mayo 1999 - evento n° 6" (traducido por nosotros, como en los otros poemas que citaremos):

"1 paquete de cigarros "CIGARROS - 25 CIGARROS CON FILTRO - Chesterfield - US TRADE MARK *** ORIGINALES *** Desde 1912 - De conformidad con la ley n° 91-32 "Este producto daña gravemente la salud"; 1 comprobante "Usted ha retirado 200 FRANCOS - fecha 05/05/99 - hora 12:32 - cajero automático 400005 - Tarjeta de crédito n° - Autorisation n° 01659000 101 462424 - Le agradecemos su confianza - DESDE 1760 BANCA COURTOIS Grupo Financiero del Norte" ; un boleto del metro…"

El texto en mayúsculas, negritas o itálicas corresponde a un código de pronunciación. Chaton continúa con la transcripción de boletos de transporte público, de recibos de pago de un café parisino, de un volante que invita a una lectura de poesía en el Centro Georges Pompidou y de otros papeles-comprobantes de la rutina individual, de la vida absolutamente ordinaria del poeta. Es verdad que tras esta enumeración fría se dibuja de manera original y sincera un micro-universo, con un resultado que no corresponde al de los medios de expresión poética o narrativa tradicionales. El acompañamiento sonoro aporta, quizá, lo que le falta de imaginativo, de emotivo o simplemente de personal a esta poesía. De acuerdo con Jérôme Game, en vez de que la "poética del evento" diga la vida, es lo que la vida dice.

¿Qué es entonces la poesía sonora en Francia? Es la poesía que se graba magneticamente, la poesía heredera del movimiento Dada, la poesía fonética. Para Heidsieck, si la vocación del texto es de ser escuchado o de presentarse en escena, se trata de poesía sonora. J. M. Gleize, responsable del Centro de estudios poéticos de la Escuela Normal Superior de Lyon, afirma que "si aún queda poesía, no es en el verso ni en los poemas, sino en las pausas, en la puntuación, en 'coger el ritmo' ". La poesía sonora y la poesía sónica conectan el lenguaje a los sonidos, y "esta conexión es revolucionaria --escribe Christophe Fiat--, por la intrusión de nombres propios dentro de la sintaxis. El nombre propio contra el verbo". Fiat, poeta y filósofo nacido en 1966, organiza lecturas performances rock/punk :

"gatúbela dice que gatúbela ha guardado el disfraz de gato de gatúbela y que ahora gatúbela lleva puesto su disfraz de gato de gatúbela cada vez que gatúbela se lanza a un proyecto personal como robar joyas en gotham city pero que gatúbela dejó de llamarse china blue, pero que gatúbela se llama gatúbela ©."

Esta "nueva poesía" francesa es la poesía escénica de Blaine, la poesía gestual de Heidsieck, la poesía tecno, la poesía fonética, la poesía video, la poesía virtual, digital, la ciberpoesía. Es también la "poesía objetivista" y la "poésie-net" de Viton o de Sadin, hecha de nombres propios, de definiciones y frases construidas con argot matemático (en la tradición de Jacques Roubaud), tecnológico o de la informática. Eric Sadin es poeta del internet, doctor en filosofía y fundador de <éric. sadin & partnerS agence-d'écritureS>. Sadin hace teatro y escribe poemas a partir de direcciones electrónicas, de borradores en procesador de palabras, de párrafos con texto oculto:

"a vivir xxxxx o en su sinónimo anónimo
a ocultar su xxxxx recubierto de xxxxx de zonas xxxxx
ese día la ciudad bajo la xxxxx a esa hora
como un signo patente o turbio en ese lugar de una tensión exacta que conservar entre/
visibilidad y xxxxx"

Frecuentemente esta "nueva poesía" es comprometida, como la de K. Molnar, cofundador de "Poézi proléter", quien escribe sin ayuda de la sintaxis y la gramática francesa, valiéndose para redactar de intuiciones fonéticas como quienes aprendieron solamente el francés hablado : los inmigrantes de Europa del Este y del Africa no francófona. Su poesía se comprende cuando se la pronuncia :

"Nou som le merkredi douz novanbr, il é dizneuveur vin sink, dizneuveur trant, par la, on va atandr juska dizneuveur karant, on atan ke toulmond ariv é sinstal é an atandan, prené la feuy 'koman ékrir sinpleman?' jvou zan pri, el é ta voue"

Es decir, algo asi como :

"Oistamos aa mierkoles dos denovienbr, son lasiete venticinko, sietimedia, poray, vamosaesperar que todel mundo lleguisesiente, mientras, cogelaoja '¿komescribir simplemnte?' pero agamel favor, uste primero"

La experimentación de Molnar no es nueva, en Francia ella se inserta en la línea de Raymond Queneau y su clásico libro Zazie dans le métro (los juegos ortográficos de Queneau son parte de la gran literatura francesa). Molnar organiza perfomances en Francia y en el extranjero, como Veregghen, Tarkos, entre otros escritores nacidos en los años sesenta, y como los poetas más jóvenes. Así, la poesía de hoy, explica Espitallier en el editorial del Magazine littéraire, sería la poesía sonora, la poesía de las nuevas tecnologías (video, computadoras, slampers). Una poesía viva que busca tocar o jugar con el gran público. Pero los críticos encuentran que estas expresiones son, a fin de cuentas, un ejercicio esotérico y grupuscular, ignorado y repudiado por el gran público. Reacciones de cólera han seguido al manifiesto de la "novPOESIE" por parte de otros poetas, esos que se sienten estigmatizados como líricos y arcaicos. Los poetas "tradicionales". En una carta a la redacción de Magazine littéraire, Jean-Claude Martin alude a los orígenes de las nuevas corrientes poéticas hace al menos dos décadas entre escritores de izquierda (sobre todo maoístas), quienes ya estaban interesados por el formalismo y la teoría lingüística, que experimentaban y buscaban hacer el contrapeso a la poesía neo-clásica y políticamente conservadora:

"¿Nueva?, es una falta de vergüenza vendernos de ese modo a los Roche, los Prigeant, los Verheggen, los Deguy, etc. Uno diría que hemos regresado a los años setenta, a los tiempos de Tel Quel, de Change, de TXT, etc., con el mismo terrorismo intelectual, el mismo espíritu mafioso… Allí la poesía no es sino el coto de una pequeña casta intelectualizante, un arte universitario que se practica entre guardias rojas de la sociedad respetable (gardes rouges de bonne compagnie)… Ellos excluyen al "yo" pero son mucho más narcicistas que cualquier otro. Haciendo lo que hacen no aportan nada a la lengua… El Magazine Littéraire, que pocas veces abre sus páginas a la poesía, es particularmente malintencionado con ese número especial".

La reacción se ha dado en el más puro estilo corporativo francés, con una movilización gremial y comunicados a los ministros de la cultura y de la educación. En junio, la revista Aujourd'hui Poeme, dirigida por André Parinaud, ha llamado a una reunión nacional de poetas para organizar otro "balance general de la poesía francesa". 16 revistas, casas editoriales y asociaciones de poetas apoyaron la iniciativa de inmediato. Otros comienzan a sumarse o a pronunciarse. La finalidad será, además de evaluar el estado de la poesía en Francia, reflexionar sobre las oportunidades de los poetas de hacerse escuchar, la relación de la poesía con el sistema educativo, la indiferencia y el silencio de la prensa, la poesía frente al problema de la "verdad", y las relaciones entre la poesía, la emoción, la memoria y el lenguaje. Los dos últimos temas de esta reunión tocan quizá los puntos más débiles de los "nuevos poetas", pues su afán de ruptura y de innovación se traduce en una expresión fría, monótona, burocrática. Aunque los poetas sonoros logren racionalizar su actividad en términos de algún referente filosófico o artístico (de Apollinaire a Deleuze, pasando por Mallarmé y Godard), esa continuidad no es ni sentida, ni reconocida. En lo que concierne a las relaciones entre poesía y conocimiento, la herencia de los filósofos posmodernos franceses sigue siendo demasiado pesada : los nuevos poetas parecen asumir que el discurso es enteramente reversible, un saco de palabras desechables donde la verdad es, más que "relativa", desechable o productible a partir de los ruidos de un sintetizador o de semantismos energúmenos.

Mas allá de la especificidad francesa, el debate que se abre en este país tiene cierto interés para el contexto mexicano. Si la fusión de la poesía con las artes escénicas, la música o las nuevas tecnologías nos parece fructífera, no toda producción vale igual. No se trata de reaccionar en nombre de la pureza de géneros, sino de poner un límite a los chantajes posmodernos. Ni el internet, ni los performances son el horizonte de todos los proyectos. Convertirse al lenguaje de las nuevas tecnologías no debería ser una obligación. Es de risa que los poetas sonoros franceses usen como argumento de autolegitimación la falacia del hilo negro, de "lo nuevo", esa huella indeleble del afán de modernidad (aunque en este caso entre posmodernos). Afán chauvinista, más que exhibicionista, es el de querer sacar de la sombra a la poesía francesa a partir de lo que Bernard Heidsieck llama "la nocion de coraje, la voluntad de exponerse". Las revoluciones artísticas no se imponen a golpe de manifiestos y de la batahola de sus promotores, sino gracias a la concepción de obras de calidad.