Jean-Clarence Lambert, buscador de poesía

Guadalupe Nettel

 

Si reunimos el testimonio de autores como Antonin Artaud, André Breton, Le Clézio, México resulta ser una tierra donde el elemento pre-hispánico y el europeo se mezclan en armonía; un territorio libre de cualquier orden lógico, gobernado por fuerzas mágicas; la zona anti-cartesiana por excelencia; el país del surrealismo. Basta echar un vistazo al reciente álbum de dibujos sobre nuestro país, L'Association au Mexique, para darnos cuenta de que esta imagen no ha cambiado, al contrario, se sigue cultivando. No sería exagerado decir que nosotros mismos contribuimos a ello, impulsados quizás por nuestra afición a los mitos o quizás porque pocas interpretaciones de México resultan tan atractivas como la que nos devuelve la cultura francesa. Sin embargo, esta imagen es relativamente nueva. Todavía a mitad del siglo XX Europa desconocía por completo la literatura de América Latina.

Entre las voces que primero se interesaron por nuestra poesía y se encargaron de darla a conocer en este continente, destaca la de Jean-Clarence Lambert, quien se encargó por primera vez de reunir en un mismo volumen los poemas mexicanos desde la época precolombina hasta nuestros días. Amigo y colaborador de Octavio Paz, Lambert fue el primer traductor al francés del premio Nobel. En esta entrevista, nos habla de su primer contacto con él, de su relación con México y de la ardua labor que implica traducirlo.

 

Me pregunto cuál es la reacción de un francés que por primera vez se enfrenta a todo un universo de símbolos totalmente ajeno al suyo, como fue su caso en los años 1950. ¿Puede hablarnos un poco de su encuentro con la cultura mexicana?

Cuento todo eso en mi libro Ollintonatiuh. El poema que lleva el mismo nombre representa mi visión global de México, de la realidad mexicana y también de sus mitos. Fue una gran suerte conocer a Octavio Paz en París, ese encuentro marcó el principio de toda una relación fundamental, uno de los ejes principales de mi vida: mi relación con México.

Aprendí español con los textos de Octavio Paz al que conocí a través de André Breton. El grupo surrealista me recibió muy bien a pesar de que yo era mucho más joven. Algunos de ellos habían estado en México recientemente y hablaban con fascinación de esa tierra. Un día Breton me sugirió que tradujera los poemas de Octavio para editarlos en Francia. Los leí y de inmediato me sentí atraído por ellos. En ese entonces él estaba escribiendo Águila o Sol, de modo que la versión francesa nació casi al mismo tiempo que la versión en español, las dos se modificaban de manera casi simultanea. Más que una traducción era una especie de diálogo. En esa época llevaba siempre conmigo una libreta azul que todavía conservo y ha llegado a convertirse en una especie de fetiche. En ella apuntaba mis traducciones. También están ahí las correcciones que Octavio hacía sobre la marcha. En esa época, yo trabajaba en Les Halles, en una empresa que ya no existe llamada Beurre Oeuf et Fromage. Yo me ocupaba de afinar los quesos, un oficio muy noble que consiste en vigilar su grado de maduración. Eran moldes grandes, como de 300 kilos. Todos los días, compraba pan y me iba a comer queso en los sótanos del mercado, mientras traducía en la libreta azul. Esos sótanos ya no existen, demolieron todo. Lo que no deja de asombrarme es que muy cerca de donde estaba la empresa de quesos, se construyó el Centro Georges Pompidou. Veinticinco años después, en la inauguración del museo, hubo un evento de poesía y yo leí las traducciones de Octavio Paz que había hecho ahí mismo.

J.C. Lambert saca de su librero la primera edición de Libertad bajo palabra y muestra la dedicatoria escrita por Paz en 1951 : "En espera de verlos de nuevo en Delhi, París, México, Estocolmo".

Nos encontramos mas tarde en todas esas ciudades y en 1990 estuvimos juntos en Estocolmo para la entrega del premio Nobel. ¿Quién iba a decir, cuarenta años antes, que eso sucedería? En ese entonces nos conocíamos muy poco.

¿Qué fue lo que lo atrajo en la obra de Octavio Paz?

Puedo decir que fue una atracción de surrealista por sus textos surrealistas, pero honestamente creo que es una cuestión de destino. Hay que tomar en cuenta que estabamos en la posguerra y la situación en Francia era muy dura. Yo tenía ganas de irme. En ese sentido tengo dos otras patrias: Suecia y México. Mis lazos con ambos países son igual de fuertes.

En los años cincuenta Europa imaginaba que México era como las películas de Buñuel. Yo que había escuchado los testimonios de André Breton y Benjamin Péret tenía ganas de verlo con mis propios ojos. Fui por primera vez a México en 1957; Hice el viaje en barco. Cruzar el Atlántico era toda una aventura. Siempre me gusto viajar. En México recorrí a pie varias veces el trayecto de Palenque a Tuxtla Gutiérrez con un guía indígena. Después me fui al otro extremo del país, a la Sierra Tarahumara, para conocer la tierra de la que hablaba Antonin Artaud o, mejor dicho, que imaginaba, porque la región no tiene nada que ver con lo que él describe. A mi me interesaba su realidad, sus costumbres, su lengua, su visión del mundo y no fantasear con los indígenas. Desde entonces he ido a México muchas veces, a presentar mis libros, a leer mis poemas con o sin Octavio. México es una parte muy importante de mi vida intelectual y sentimental.

Sus poemas sobre México retoman a menudo elementos precolombinos, ¿no le fue difícil el contacto con esa cultura tan distinta a la europea?

Una de las personas que me iniciaron a México fue el Padre Garibay. Tuve la oportunidad de trabajar con él un poco y de aprender algo de Nahuatl. Lo primero que publiqué al volver a Francia, antes incluso que la traducción de Libertad bajo palabra, fue un librito sobre la poesía nahuatl. Ese trabajo me sirvió mucho para comprender a Octavio Paz. Después, cuando viví en Suecia pude hablar de sus poemas y explicar un poco de la cultura indígena a la que constantemente él hace referencia. Un amigo mío se entusiasmó y lo tradujo al sueco donde tuvo mucho éxito.

¿Cómo se traduce la poesía?

Traducir poesía, es una de las operaciones lingüísticas más complejas y peligrosas que pueden existir. A Cada lengua corresponde una organización particular de la experiencia histórica. Cuando nos encontramos ante un orden particular, como es el caso del poema, es posible copiar la estructura aparente del texto: por ejemplo la del soneto. Hoy en día en que los poemas tienen estructuras abiertas, se reproduce una combinatoria u ocupación de la página. En pocas palabras se puede imitar el proceso productivo, pero ¿qué hacer con todo lo demás?. La palabra " libertad" por ejemplo tiene un sentido diferente para Paz que para André Breton. Cada palabra tiene una personalidad fónica y gráfica en su propia lengua, además de los conceptos que contiene. Por si fuera poco, el poeta la carga de valores emocionales o subjetivos que se suman a los colectivos. En todo poema se entretejen dos idiomas, el del grupo y el del poeta, semejante a un idioma extranjero. La poesía es en sí una lengua extranjera. No existe una traducción perfecta capaz de transmitir todos los sentidos de un poema. El traductor debe realizar un auténtico atentado, un acto de poder, aunque en realidad toda lectura es ya una traducción.

Hice un ensayo muy grande sobre este tema se llama La langue étrangère y es un libro "multilingüe" donde aparecen varias de las traducciones que he hecho de distintos idiomas : español, sueco, danés, alemán, holandés, por ejemplo.

En una época me negaba a que me llamaran traductor. Decía que mi oficio era el de "transcriptor". Una lengua es como un instrumento musical. Pasar de una lengua a otra es como pasar de un instrumento a otro. Cuando una pieza escrita para piano se interpreta con el violín, los músicos dicen que es una transcripción. Con la poesía pasa lo mismo.

El estímulo del traductor…

Yo soy un iniciador, me gusta descubrir cosas y compartirlas. Cuando traduje los primeros poemas de Octavio Paz, la literatura latinoamericana no le interesaba a nadie. En ese entonces nada se había traducido, ni siquiera Borges. Sin el esfuerzo y el entusiasmo de toda una generación, no gozaría ahora la misma importancia en el mundo.

La voluntad de compartir es muy importante, es lo que impulsa al traductor. Por ejemplo la poesía de Paz tuvo una gran influencia en mi propia creación poética. Pude haberme callado y no compartirla con nadie. Yo soy un partidario del don. Detesto a la sociedad utilitaria que no quiere dar nada si no recibe algo a cambio. La poesía es una gran forma de don, nunca aporta dinero e implica mucho trabajo. Con la traducción pasa lo mismo sin contar con que, además, el reconocimiento es mínimo.

Jean-Clarence Lambert es traductor al francés de los siguientes títulos de Octavio Paz: Libertad bajo palabra, Águila o sol, El laberinto de la soledad, A la orilla del mundo. Entre sus libros de poemas traducidos al español se encuentran Jardines errantes (El Tucán de Virginia) y El reino imaginal (Poligrafía).